


Una Foto, Una Historia
El salón estaba en silencio, solo se escuchaba la respiración agitada antes de mirarse al espejo.
No hay poses preparadas que superen a la realidad. En ese instante de tensión, cuando los nervios se mezclan con la emoción más pura, mi trabajo es volverme invisible. Sabía que la lágrima caería justo antes del abrazo, leí la energía de la habitación y me ubiqué en el ángulo exacto donde la luz del ventanal bañaba su rostro.
Esa magia no se fabrica. Se siente. Se respira. Y cuando capturas la esencia real del amor, esa fotografía se convierte en una máquina del tiempo para el resto de sus vidas.













































